El Investigador ante el Espejo: Cuando el Profesionalismo Supera la Convicción

En mis más de 20 años de trayectoria en la investigación de mercados, he aprendido que nuestro activo más valioso no es solo la capacidad de análisis o el manejo de herramientas estadísticas; es la objetividad.

Sin embargo, existe un momento en la carrera de todo investigador donde esa objetividad se pone a prueba de la manera más cruda posible, cuando nuestro trabajo nos pone frente a frente con ideologías que chocan frontalmente con nuestras creencias personales.

Recientemente, viví una experiencia que me obligó a reflexionar profundamente sobre este límite.

Fui contratada para liderar un estudio de percepción y desarrollar grupos focales para un partido político cuyas tesis y gestión actual distan mucho de mi visión de país.

Ahí surgió el dilema: ¿Cómo entrar a una sala de Focus Group a escuchar, entender y analizar las motivaciones de un movimiento con el que no simpatizo?

La respuesta fue un ejercicio de ética radical.

Cuando asumí el rol de investigadora principal, mi responsabilidad no era validar mis prejuicios, sino convertirme en un canal limpio para la verdad del elector. El cliente no me contrató para recibir mi opinión personal, sino para obtener un diagnóstico preciso y profesional que le permitiera estructurar su estrategia.

Liderar esos grupos y redactar el informe final fue un reto personal inmenso. Significó silenciar mi voz interna para amplificar las voces de los participantes. Significó analizar hallazgos, incluso los positivos para ellos, con el mismo rigor científico con el que analizaría a mi marca favorita o al candidato de mis afectos.

¿Por qué es esto importante?

1.⁠ ⁠Si permitimos que nuestras creencias filtren los datos, dejamos de ser investigadores para convertirnos en activistas. Un informe sesgado no solo es poco ético, sino que es inútil para el cliente.

2.⁠ ⁠Nuestra profesión exige una asepsia mental, es decir, eliminar prejuicios, emociones personales y sesgos para realizar el trabajo de forma objetiva, ética  y científica. Al igual que un médico atiende con el mismo compromiso a cualquier paciente, el investigador debe tratar cada dato con integridad.

3.⁠ ⁠La verdadera madurez profesional del investigador se alcanza cuando es capaz de entregar conclusiones honestas, aunque estas favorezcan a una causa que no se comparte.

Al final del proceso, la satisfacción no vino de la afinidad política, sino del deber cumplido.

Se entregó un análisis objetivo, profesional y ético.

Esta experiencia reafirmó que, aunque como ciudadanos tengamos banderas claras, como investigadores la única bandera debe ser la verdad de la información.

En un mundo cada vez más polarizado, mantener este estándar de profesionalismo es lo que permite seguir construyendo puentes de conocimiento que sean, por encima de todo, confiables.